10 de septiembre

 Pasó un año, un año desde mi diagnóstico de cáncer, fue un año de mucho dolor, muchas lágrimas, muchas pérdidas, pero nunca perdí la fe, Dios es grande y misericordioso, nunca me solté de su mano y siempre supe que Dios no me daría una carga que no pudiera soportar. 


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